El impacto negativo del ganado vacuno en el ambiente
La crianza intensiva del ganado en la producción de alimento es malo para el ambiente. Pero de todos los tipos de ganado usados para este fin, el más dañino es el ganado vacuno.
Un grupo de investigadores cuantificaron el impacto de este tipo de producción de alimento en el medio ambiente.
Ellos observaron que este tipo de producción de alimentos necesita veintiocho veces más tierra y once veces más riego de agua que el ganado de cerdos o de aves de corral. Además, genera un quinto de la producción de gases de efecto invernadero y es la principal fuente de contaminación de agua por la abundancia de nutrientes. También compite con la biodiversidad local del lugar, y promueve la extinción de especies.
Los investigadores que realizaron dichos cálculos partieron de información en un lapso de de diez años perteneciente al departamento de agricultura de los Estados Unidos. Así, consideraron la cantidad de recursos necesarios para generar todos los alimentos que se han producido del año 2000 al 2010 por el ganado. 
Los autores del trabajo recomiendan disminuir el consumo de carne de res y reemplazarla con alternativas más eficientes, como aves de corral, así como no moverse totalmente a una dieta vegetal también por su impacto.
Aunque hay investigadores que comentan que este conclusión no puede ser generalizada para todo el planeta, lo cierto es que grandes potencias basan su producción y consumo en el ganado vacuno. Cuantificar el impacto que tiene el ganado en el ambiente es importante en el tema de la sostenibilidad.
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Artículo original
Nota fuente de la BBC
[Imagen tomada de este sitio] 

El impacto negativo del ganado vacuno en el ambiente

La crianza intensiva del ganado en la producción de alimento es malo para el ambiente. Pero de todos los tipos de ganado usados para este fin, el más dañino es el ganado vacuno.

Un grupo de investigadores cuantificaron el impacto de este tipo de producción de alimento en el medio ambiente.

Ellos observaron que este tipo de producción de alimentos necesita veintiocho veces más tierra y once veces más riego de agua que el ganado de cerdos o de aves de corral. Además, genera un quinto de la producción de gases de efecto invernadero y es la principal fuente de contaminación de agua por la abundancia de nutrientes. También compite con la biodiversidad local del lugar, y promueve la extinción de especies.

Los investigadores que realizaron dichos cálculos partieron de información en un lapso de de diez años perteneciente al departamento de agricultura de los Estados Unidos. Así, consideraron la cantidad de recursos necesarios para generar todos los alimentos que se han producido del año 2000 al 2010 por el ganado. 

Los autores del trabajo recomiendan disminuir el consumo de carne de res y reemplazarla con alternativas más eficientes, como aves de corral, así como no moverse totalmente a una dieta vegetal también por su impacto.

Aunque hay investigadores que comentan que este conclusión no puede ser generalizada para todo el planeta, lo cierto es que grandes potencias basan su producción y consumo en el ganado vacuno. Cuantificar el impacto que tiene el ganado en el ambiente es importante en el tema de la sostenibilidad.

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Artículo original

Nota fuente de la BBC

[Imagen tomada de este sitio

Este 20 de julio, se cumplieron 45 años de que el ser humano llegó a la Luna. Este logro fue la culminación de una larga serie de eventos que pusieron a prueba el ingenio y la resistencia del humano (y de algunos otros animales).

¿Cómo se inició la carrera espacial? ¿Quiénes fueron los precursores, que soñaron con sacar al humano de esta esfera azul y cómo lograron lo que lograron? ¿Qué proyectos espaciales hay actualmente? Escuchen esto y más en este episodio de Historias Cienciacionales dedicado a la exploración espacial.

¡Escuchen el vigésimo séptimo episodio de Historias Cienciacionales!

Agradecemos al IMER por la realización de este programa.

¡Mueve esos brazos mientras corres!
Aquellos que lo han hecho con los brazos pegados al cuerpo podrán estar de acuerdo en que es complicado y cansado. Más aún si lo hacen con los brazos cruzados sobre el pecho, y ya no digamos con las manos tomadas por arriba de la cabeza.
Cuando movemos las piernas al correr, de manera casi instintiva, movemos los brazos. Al hacer esto con nuestras extremidades superiores, se logra un balance con nuestras piernas y pies. 
Aunque la física de la carrera se tiene clara, poco se entendía el costo energético de mover los brazos durante esta actividad.
Dos investigadores de universidades estadounidenses sugirieron que correr sin mover los brazos demanda más energía que correr con los brazos en movimiento. Para poner a prueba esta idea, le pidieron a un grupo de trece personas que corren de manera regular, que lo hicieran en el laboratorio en diferentes posturas.
Después de medir por siete minutos el consumo de oxígeno y la producción de dióxido de carbono de las personas mientras se movían sobre una banda para correr, los investigadores les pidieron que colocaran por unos minutos sus brazos junto a su cuerpo y las manos detrás de su espalda, luego que los cruzaran sobre su pecho, para finalizar tomando sus manos sobe la cabeza.  Cabe mencionar que al finalizar la sesión, los corredores se quejaron por los brazos cansados, sobre todo por la última posición.
Los investigadores compararon los resultados obtenidos de correr con los brazos en movimiento contra las otras tres posiciones. Los brazos junto al cuerpo y las manos detrás de la espalda aumenta un 3% el consumo de energía, 9% más si se cruzan en el pecho, y 13% más si se ponen sobre la cabeza.
Finalmente, analizaron el movimiento de los hombros de los corredores. Esto sirvió para concluir que el balanceo de nuestro torso y extremidades superiores cuando corremos es lo que define el consumo de energía. Es decir que mover los brazos reduce la energía, ayuda a minimizar el movimiento de la parte superior mientras se corre, y facilita alcanzar la estabilidad.
Este trabajo es un argumento de la importancia de mover los brazos cuando se corre. Ahora, sabemos que la fórmula para ser un corredor disciplinado involucra muchas más cosas que sólo moverse. Clive Staples Lewis, creador del mundo de Narnia, decía que si uno pudiera correr sin cansarse, entonces uno no querría hacer nada más. Así que ¡a calentar ese cuerpo para salir a correr!
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[Imagen tomada de este sitio]
Artículo original
Nota de The Journal of Experimental Biology

¡Mueve esos brazos mientras corres!

Aquellos que lo han hecho con los brazos pegados al cuerpo podrán estar de acuerdo en que es complicado y cansado. Más aún si lo hacen con los brazos cruzados sobre el pecho, y ya no digamos con las manos tomadas por arriba de la cabeza.

Cuando movemos las piernas al correr, de manera casi instintiva, movemos los brazos. Al hacer esto con nuestras extremidades superiores, se logra un balance con nuestras piernas y pies. 

Aunque la física de la carrera se tiene clara, poco se entendía el costo energético de mover los brazos durante esta actividad.

Dos investigadores de universidades estadounidenses sugirieron que correr sin mover los brazos demanda más energía que correr con los brazos en movimiento. Para poner a prueba esta idea, le pidieron a un grupo de trece personas que corren de manera regular, que lo hicieran en el laboratorio en diferentes posturas.

Después de medir por siete minutos el consumo de oxígeno y la producción de dióxido de carbono de las personas mientras se movían sobre una banda para correr, los investigadores les pidieron que colocaran por unos minutos sus brazos junto a su cuerpo y las manos detrás de su espalda, luego que los cruzaran sobre su pecho, para finalizar tomando sus manos sobe la cabeza.  Cabe mencionar que al finalizar la sesión, los corredores se quejaron por los brazos cansados, sobre todo por la última posición.

Los investigadores compararon los resultados obtenidos de correr con los brazos en movimiento contra las otras tres posiciones. Los brazos junto al cuerpo y las manos detrás de la espalda aumenta un 3% el consumo de energía, 9% más si se cruzan en el pecho, y 13% más si se ponen sobre la cabeza.

Finalmente, analizaron el movimiento de los hombros de los corredores. Esto sirvió para concluir que el balanceo de nuestro torso y extremidades superiores cuando corremos es lo que define el consumo de energía. Es decir que mover los brazos reduce la energía, ayuda a minimizar el movimiento de la parte superior mientras se corre, y facilita alcanzar la estabilidad.

Este trabajo es un argumento de la importancia de mover los brazos cuando se corre. Ahora, sabemos que la fórmula para ser un corredor disciplinado involucra muchas más cosas que sólo moverse. Clive Staples Lewis, creador del mundo de Narnia, decía que si uno pudiera correr sin cansarse, entonces uno no querría hacer nada más. Así que ¡a calentar ese cuerpo para salir a correr!

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[Imagen tomada de este sitio]

Artículo original

Nota de The Journal of Experimental Biology

La frase que Neil Armstrong mencionó al pisar la Luna se ganó un lugar en los libros de historia, pero siempre existió duda sobre lo que en realidad dijo el astronauta. ¿Fue “one small step for man" (un pequeño paso para el hombre) o “one small step for a man" (un pequeño paso para un hombre)?
Hoy se cumplen 45 años de la primera persona en pisar la Luna. Por eso les dejamos una nota que publicamos hace tiempo, donde describimos el debate en torno a una de las frases más famosas en la historia de la humanidad.

 
Aquí pueden encontrar una imagen interactiva de la NASA, donde se compara cómo se vio la huella de Armstrong al pisar la Luna y cómo se ve hoy, casi medio siglo después.

[Imagen de la primera plana del New York Times firmada por Armstrong. Tomada de este sitio].

La frase que Neil Armstrong mencionó al pisar la Luna se ganó un lugar en los libros de historia, pero siempre existió duda sobre lo que en realidad dijo el astronauta. ¿Fue “one small step for man" (un pequeño paso para el hombre) o “one small step for a man" (un pequeño paso para un hombre)?

Hoy se cumplen 45 años de la primera persona en pisar la Luna. Por eso les dejamos una nota que publicamos hace tiempo, donde describimos el debate en torno a una de las frases más famosas en la historia de la humanidad.

 

Aquí pueden encontrar una imagen interactiva de la NASA, donde se compara cómo se vio la huella de Armstrong al pisar la Luna y cómo se ve hoy, casi medio siglo después.

[Imagen de la primera plana del New York Times firmada por Armstrong. Tomada de este sitio].

El cambio de las columnas vertebrales en el tiempo

Salte, vuele, corre o nade, si usted es un vertebrado, le tenemos una noticia: su columna vertebral es muy parecida a la del resto de los animales que tienen una.  

La similitud va más allá de la forma, que consiste en costillas unidas por vértebras alineadas; es justamente el número de vertebras lo que se ha conservado a través de la historia evolutiva de los animales que la presentan.

Un trabajo firmado por investigadores de diferentes centros de estudio, como la Universidad Pierre y Marie Curie, en Francia, contiene la conclusión de que, en términos mecánicos y de desarrollo, el cambio evolutivo en la columna vertebral es virtualmente imposible en aquellos mamíferos que corren rápido y son ágiles.

Los autores mencionan que para que ocurran cambios en el número de vertebras del eje que sostiene los cuerpos de dichos vertebrados, se necesitan un importante número de mutaciones. Específicamente, estas modificaciones en el material genético deben promover uniones irregulares en la región lumbosacra –la parte más inferior de la columna- pues así el animal sería incapaz de correr o saltar de forma efectiva.

Sus observaciones muestran que aquellos animales que presentan estas anomalías y cuyo ambiente les exige ser ágiles y rápidos, mueren sin dejar descendencia. Esto no es similar para aquellos que son más robustos, pues aunque presenten estos cambios, pueden llegar a sobrevivir y reproducirse exitosamente.

Sus argumentos provienen del estudio de 774 esqueletos de noventa especies diferentes, pertenecientes a nueve colecciones europeas de museos de historia natural.

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[Imágenes del esqueleto de un elefante asiático y de una gacela. El gran tórax del elefante, es diferente al pequeño de la gacela. Esto tiene repercusiones en su agilidad. Tomadas la nota fuente de Eurekalert]. 

Artículo original

Nota fuente de Eurekalert

Las plumas evolucionaron para coquetear
En 1861, en Alemania, Archaeopteryx volvió a ver la luz después de 150 millones de años. Este fósil con características de dinosaurio y de ave se volvió casi inmediatamente famoso, ya que al tener rasgos de estos dos grupos parecía confirmar no sólo su estrecha relación, sino las ideas de Darwin sobre la evolución. Archaeopteryx fue considerado el primer ave, el “eslabón perdido” entre dinosaurios y pájaros. Sin embargo, sabemos en realidad poco de esta especie, ya que sus ejemplares, algunos de los cuales son simplemente una pluma, se podían contar con los dedos de las manos hasta hace algunos años.
En 2011 se descubrió el onceavo ejemplar de Archaeopteryx, y con él se develaron nuevos secretos.
Este ejemplar fue descrito este mes por Christian Foth y colaboradores, todos investigadores de universidades alemanas. Su preservación es asombrosa, sobre todo en el plumaje. Archaeopteryx poseía plumas tipo pináceas que se creía habían evolucionado como adaptación al vuelo. Estas plumas, a diferencia de los plumones (pachoncitas y de las que se hacen los edredones), son mucho más rígidas y poseen un raquis, eje central que les da mayor estabilidad. Pero el nuevo ejemplar de Archaeopteryx no sólo tiene plumas penales, sino que las tiene por todo el cuerpo, incluso en partes que no son necesarias para volar, como en las extremidades inferiores.
A partir de este hallazgo, los investigadores rastrearon en la historia evolutiva de varias aves basales y dinosaurios con plumas el rasgo de poseer plumas pináceas en diversas partes del cuerpo. Con esto se dieron cuenta de que este tipo de plumas estaban presentes en animales que muy probablemente no volaban, y que por lo tanto el vuelo se emprendió muchas generaciones y especies después de que aparecieran las plumas pináceas. Además, los resultados muestran que desde tiempos de los dinosaurios existía una gran diversidad en este tipo de plumas. Todo esto, sumado a los estudios en los que se han determinado los colores de plumas y patrones de coloración de dinosaurios y aves antiguas, incluido el Archaeopteryx, apuntan a que las plumas surgieron con una función relacionada con el pavoneo, es decir, para atraer al sexo opuesto. Posteriormente las plumas fueron “reclutadas” o utilizadas para volar, pero ésta no fue su función original.  
Su función original era el coqueteo.
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Artículo original aquí
Imagen tomada de pinterest

Las plumas evolucionaron para coquetear

En 1861, en Alemania, Archaeopteryx volvió a ver la luz después de 150 millones de años. Este fósil con características de dinosaurio y de ave se volvió casi inmediatamente famoso, ya que al tener rasgos de estos dos grupos parecía confirmar no sólo su estrecha relación, sino las ideas de Darwin sobre la evolución. Archaeopteryx fue considerado el primer ave, el “eslabón perdido” entre dinosaurios y pájaros. Sin embargo, sabemos en realidad poco de esta especie, ya que sus ejemplares, algunos de los cuales son simplemente una pluma, se podían contar con los dedos de las manos hasta hace algunos años.

En 2011 se descubrió el onceavo ejemplar de Archaeopteryx, y con él se develaron nuevos secretos.

Este ejemplar fue descrito este mes por Christian Foth y colaboradores, todos investigadores de universidades alemanas. Su preservación es asombrosa, sobre todo en el plumaje. Archaeopteryx poseía plumas tipo pináceas que se creía habían evolucionado como adaptación al vuelo. Estas plumas, a diferencia de los plumones (pachoncitas y de las que se hacen los edredones), son mucho más rígidas y poseen un raquis, eje central que les da mayor estabilidad. Pero el nuevo ejemplar de Archaeopteryx no sólo tiene plumas penales, sino que las tiene por todo el cuerpo, incluso en partes que no son necesarias para volar, como en las extremidades inferiores.

A partir de este hallazgo, los investigadores rastrearon en la historia evolutiva de varias aves basales y dinosaurios con plumas el rasgo de poseer plumas pináceas en diversas partes del cuerpo. Con esto se dieron cuenta de que este tipo de plumas estaban presentes en animales que muy probablemente no volaban, y que por lo tanto el vuelo se emprendió muchas generaciones y especies después de que aparecieran las plumas pináceas. Además, los resultados muestran que desde tiempos de los dinosaurios existía una gran diversidad en este tipo de plumas. Todo esto, sumado a los estudios en los que se han determinado los colores de plumas y patrones de coloración de dinosaurios y aves antiguas, incluido el Archaeopteryx, apuntan a que las plumas surgieron con una función relacionada con el pavoneo, es decir, para atraer al sexo opuesto. Posteriormente las plumas fueron “reclutadas” o utilizadas para volar, pero ésta no fue su función original.  

Su función original era el coqueteo.

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Imagen tomada de pinterest

Los mejores amigos comparten todo, hasta los genes
Del 1 al hermano del alma, piensa en aquellos amigos que se acercan más al límite de hermandad. En términos genéticos, considerar a tus mejores amigos como familia no es descabellado. De hecho, ellos son el equivalente a un familiar en cuarto grado, que es lo mismo a un primo que comparte contigo un tatara-tatarabuelo.
De acuerdo con un trabajo realizado por investigadores de diferentes universidades, que incluyen a la de Yale, en Estados Unidos, nuestro círculo social más cercano comparte el 1% de nuestros genes. 
Dicho número puede parecer insignificante, pero muestra algo importante: somos más parecidos a nuestros amigos que a la gente que nos rodea todos los días. 
Los genes que pertenecen a este porcentaje están relacionados con el sentido del olfato, pero se carecen de genes similares de la inmunidad. Esto significa que los mejores amigos perciben el mundo a través de los olores de una manera similar, pero que tienen una protección diferente contra las enfermedades.
Para llegar a esta conclusión, los autores del estudio trabajaron con el material genético de casi dos mil personas divididas en dos grupos: parejas de amigos y parejas de extraños. 
Los investigadores mencionan que, a pesar de que las personas tenían ancestros europeos y fueron obtenidos de la misma población, los resultados no son un artefacto de sus antecedentes étnicos. 
Finalmente, basados en las observaciones genéticas, los investigadores desarrollaron una “calificación de amistad” para predecir quiénes serán amigos con una precisión igual a la de los estudios que muestran las probabilidades de desarrollar esquizofrenia. 
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[Imagen tomada de este sitio]
Artículo original 
Nota de Eurekalert 

Los mejores amigos comparten todo, hasta los genes

Del 1 al hermano del alma, piensa en aquellos amigos que se acercan más al límite de hermandad. En términos genéticos, considerar a tus mejores amigos como familia no es descabellado. De hecho, ellos son el equivalente a un familiar en cuarto grado, que es lo mismo a un primo que comparte contigo un tatara-tatarabuelo.

De acuerdo con un trabajo realizado por investigadores de diferentes universidades, que incluyen a la de Yale, en Estados Unidos, nuestro círculo social más cercano comparte el 1% de nuestros genes. 

Dicho número puede parecer insignificante, pero muestra algo importante: somos más parecidos a nuestros amigos que a la gente que nos rodea todos los días. 

Los genes que pertenecen a este porcentaje están relacionados con el sentido del olfato, pero se carecen de genes similares de la inmunidad. Esto significa que los mejores amigos perciben el mundo a través de los olores de una manera similar, pero que tienen una protección diferente contra las enfermedades.

Para llegar a esta conclusión, los autores del estudio trabajaron con el material genético de casi dos mil personas divididas en dos grupos: parejas de amigos y parejas de extraños. 

Los investigadores mencionan que, a pesar de que las personas tenían ancestros europeos y fueron obtenidos de la misma población, los resultados no son un artefacto de sus antecedentes étnicos. 

Finalmente, basados en las observaciones genéticas, los investigadores desarrollaron una “calificación de amistad” para predecir quiénes serán amigos con una precisión igual a la de los estudios que muestran las probabilidades de desarrollar esquizofrenia. 

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[Imagen tomada de este sitio]

Artículo original 

Nota de Eurekalert 

¿Te llevarías a ti mismo a una isla desierta?: la aversión a nuestra propia mente/ En Internet abundan las listas de las 10 cosas que te llevarías a una isla desierta. “¿Cuáles son los 10 libros que te llevarías a una isla desierta?” “¿Cuáles discos?” “¿Cuáles pinturas?” Estas listas pretenden elegir obras de tanta calidad que no nos importaría pasar el resto de nuestras vidas repitiéndolas una y otra vez. Curiosamente, la pregunta más importante sobre las islas desiertas no cabe en formato de lista: “¿Te llevarías a ti mismo a una isla desierta?” La idea de pasar el resto de tu vida sin el acceso a ninguna obra artística o de entretenimiento ni a ningún contacto social, y quedarte contigo mismo y nada más, es la verdadera idea de una isla desierta. Pero ¿cuántos de nosotros aceptaríamos llevarla a cabo?Recientemente, un grupo de científicos estadounidenses sugirió que la mayoría de nosotros nunca aceptaría, principalmente porque eso implicaría quedarnos a solas con nuestra propia mente. Tim Wilson y su equipo de la Universidad de Virginia realizaron un experimento con el fin de averiguar qué tan placentero es un ejercicio de pensamiento dirigido, sin distracciones externas de ningún tipo. Le pidieron a estudiantes universitarios voluntarios que se quedaran en un cuarto vacío de 6 a 15 minutos a solas y sin distracciones (ni libros ni música ni teléfonos celulares ni nada que pueda hacer un viaje a una isla desierta más placentero) y les sugirieron que pensaran sobre algún tema de su elección. Al salir, les preguntaron qué tan placentera había sido la experiencia. Cerca de la mitad de los participantes dijeron que no había sido placentera, cerca del 60 por ciento dijo que no había podido concentrarse y cerca del 90 por ciento, que su mente había divagado.Pensando que el escenario de un cuarto de laboratorio sería la fuente de su incomodidad, los investigadores les pidieron a los voluntarios que hicieran un ejercicio similar, esta vez en sus propias casas. Los resultados fueron parecidos y, lo que es más, muchos admitieron haber hecho trampa y haberse distraído con sus teléfonos u otros objetos.En entrevista para la revista Nature, Wilson se mostró sorprendido. “Tenemos un gran cerebro que está lleno de memorias placenteras y que tiene la capacidad de contar historias y construir fantasías: no debería ser tan difícil.” Tal vez Wilson tiene en la mente un mundo en el que las distracciones no están tan a la mano como ahora. Cada vez es más difícil elegir nuestras cosas para la isla desierta porque estamos inundados de cosas que piden que las llevemos. ¿No será esto un problema exclusivo de esos jóvenes universitarios, que nació con distracciones bajo el brazo? Los investigadores repitieron los experimentos con voluntarios que consiguieron en un mercado y en una iglesia de la localidad, con edades de 18 a 77 años. Los resultados volvieron a repetirse. La conclusión de los investigadores hasta este punto era que las personas examinadas prefieren hacer algo a no hacer nada (aunque es discutible si el hecho de quedarse a solas con sus pensamientos es efectivamente no hacer nada, como se discutirá más abajo). La siguiente pregunta que abordaron fue si las personas preferirían hacer algo desagradable a no hacer nada. Idearon un experimento en el que dejaban a las personas a solas con sus pensamientos y con una máquina de toques (que con anterioridad los voluntarios habían admitido que eran tan desagradables que pagarían dinero para no sufrirlos), diciéndoles que usarla era su decisión. Al final del experimento, casi el 70% por ciento de los hombres y el 25% de las mujeres se administraron de 1 a 4 choques eléctricos durante algún momento del tiempo que pasaron a solas. Para Wilson y su equipo, este es un resultado fascinante. "¿Por qué pensar fue tan difícil y desagradable?", preguntan en su artículo científico, publicado este mes en la revista Science. Aventuran un par de explicaciones. Es probable que los voluntarios se hayan metido a un ciclo de pensamientos negativos. Sin embargo, las entrevistas posteriores sobre qué habían pensado no mostraron una tendencia clara hacia las ideas negativas. Otra explicación es que a los voluntarios les resultó difícil ser los actores de sus propios pensamientos: ser a la vez “los guionistas” y los “experimentantes” (como los llamaron en su artículo) de sus fantasías. Sin embargo, en algunas versiones del experimento les daban a los voluntarios un tiempo de preparación para planear sobe lo que iban a pensar y esto no disminuía el desagrado final. ¿Cuál es la explicación entonces?Los investigadores no aventuran más explicaciones que la más simple de todas: que a nuestras mentes no les gusta estar con ellas mismas. Sin embargo, también reconocen que esto no es universal. Al mencionar que hay estudios que muestran que las mentes son difíciles de controlar, señalan que hay personas que buscan mejorar el control de sus pensamientos por medio de la meditación y otras técnicas. “Sin ese entrenamiento”, escriben Wilson y sus colegas en su artículo, “las personas prefieren hacer algo a pensar, aun cuando ese algo sea tan desagradable que normalmente pagarían para evitar hacerlo.” Quizá, después de todo, la principal respuesta a la pregunta “¿Qué te llevarías a una isla desierta?” debería ser: “una mente a la que no le desagrade pensar a solas.”
_____________________Aquí el artículo original de Wilson y sus colegas (en pdf): http://www.wjh.harvard.edu/~dtg/WILSON%20ET%20AL%202014.pdf Aquí la nota fuente, en la revista Nature: http://www.nature.com/news/we-dislike-being-alone-with-our-thoughts-1.15508[Imagen tomada de este sitio: http://www.danielstolle.com/?/magazines/menshealth/]

¿Te llevarías a ti mismo a una isla desierta?: la aversión a nuestra propia mente

/ En Internet abundan las listas de las 10 cosas que te llevarías a una isla desierta. “¿Cuáles son los 10 libros que te llevarías a una isla desierta?” “¿Cuáles discos?” “¿Cuáles pinturas?” Estas listas pretenden elegir obras de tanta calidad que no nos importaría pasar el resto de nuestras vidas repitiéndolas una y otra vez. Curiosamente, la pregunta más importante sobre las islas desiertas no cabe en formato de lista: “¿Te llevarías a ti mismo a una isla desierta?” La idea de pasar el resto de tu vida sin el acceso a ninguna obra artística o de entretenimiento ni a ningún contacto social, y quedarte contigo mismo y nada más, es la verdadera idea de una isla desierta. Pero ¿cuántos de nosotros aceptaríamos llevarla a cabo?

Recientemente, un grupo de científicos estadounidenses sugirió que la mayoría de nosotros nunca aceptaría, principalmente porque eso implicaría quedarnos a solas con nuestra propia mente. Tim Wilson y su equipo de la Universidad de Virginia realizaron un experimento con el fin de averiguar qué tan placentero es un ejercicio de pensamiento dirigido, sin distracciones externas de ningún tipo. Le pidieron a estudiantes universitarios voluntarios que se quedaran en un cuarto vacío de 6 a 15 minutos a solas y sin distracciones (ni libros ni música ni teléfonos celulares ni nada que pueda hacer un viaje a una isla desierta más placentero) y les sugirieron que pensaran sobre algún tema de su elección. Al salir, les preguntaron qué tan placentera había sido la experiencia. Cerca de la mitad de los participantes dijeron que no había sido placentera, cerca del 60 por ciento dijo que no había podido concentrarse y cerca del 90 por ciento, que su mente había divagado.

Pensando que el escenario de un cuarto de laboratorio sería la fuente de su incomodidad, los investigadores les pidieron a los voluntarios que hicieran un ejercicio similar, esta vez en sus propias casas. Los resultados fueron parecidos y, lo que es más, muchos admitieron haber hecho trampa y haberse distraído con sus teléfonos u otros objetos.

En entrevista para la revista Nature, Wilson se mostró sorprendido. “Tenemos un gran cerebro que está lleno de memorias placenteras y que tiene la capacidad de contar historias y construir fantasías: no debería ser tan difícil.”

Tal vez Wilson tiene en la mente un mundo en el que las distracciones no están tan a la mano como ahora. Cada vez es más difícil elegir nuestras cosas para la isla desierta porque estamos inundados de cosas que piden que las llevemos. ¿No será esto un problema exclusivo de esos jóvenes universitarios, que nació con distracciones bajo el brazo? Los investigadores repitieron los experimentos con voluntarios que consiguieron en un mercado y en una iglesia de la localidad, con edades de 18 a 77 años. Los resultados volvieron a repetirse.

La conclusión de los investigadores hasta este punto era que las personas examinadas prefieren hacer algo a no hacer nada (aunque es discutible si el hecho de quedarse a solas con sus pensamientos es efectivamente no hacer nada, como se discutirá más abajo). La siguiente pregunta que abordaron fue si las personas preferirían hacer algo desagradable a no hacer nada. Idearon un experimento en el que dejaban a las personas a solas con sus pensamientos y con una máquina de toques (que con anterioridad los voluntarios habían admitido que eran tan desagradables que pagarían dinero para no sufrirlos), diciéndoles que usarla era su decisión. Al final del experimento, casi el 70% por ciento de los hombres y el 25% de las mujeres se administraron de 1 a 4 choques eléctricos durante algún momento del tiempo que pasaron a solas.

Para Wilson y su equipo, este es un resultado fascinante. "¿Por qué pensar fue tan difícil y desagradable?", preguntan en su artículo científico, publicado este mes en la revista Science. Aventuran un par de explicaciones. Es probable que los voluntarios se hayan metido a un ciclo de pensamientos negativos. Sin embargo, las entrevistas posteriores sobre qué habían pensado no mostraron una tendencia clara hacia las ideas negativas. Otra explicación es que a los voluntarios les resultó difícil ser los actores de sus propios pensamientos: ser a la vez “los guionistas” y los “experimentantes” (como los llamaron en su artículo) de sus fantasías. Sin embargo, en algunas versiones del experimento les daban a los voluntarios un tiempo de preparación para planear sobe lo que iban a pensar y esto no disminuía el desagrado final. ¿Cuál es la explicación entonces?

Los investigadores no aventuran más explicaciones que la más simple de todas: que a nuestras mentes no les gusta estar con ellas mismas. Sin embargo, también reconocen que esto no es universal. Al mencionar que hay estudios que muestran que las mentes son difíciles de controlar, señalan que hay personas que buscan mejorar el control de sus pensamientos por medio de la meditación y otras técnicas. “Sin ese entrenamiento”, escriben Wilson y sus colegas en su artículo, “las personas prefieren hacer algo a pensar, aun cuando ese algo sea tan desagradable que normalmente pagarían para evitar hacerlo.”

Quizá, después de todo, la principal respuesta a la pregunta “¿Qué te llevarías a una isla desierta?” debería ser: “una mente a la que no le desagrade pensar a solas.”

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Aquí el artículo original de Wilson y sus colegas (en pdf): http://www.wjh.harvard.edu/~dtg/WILSON%20ET%20AL%202014.pdf

Aquí la nota fuente, en la revista Nature: http://www.nature.com/news/we-dislike-being-alone-with-our-thoughts-1.15508

[Imagen tomada de este sitio: http://www.danielstolle.com/?/magazines/menshealth/]

Una colmena local es una colmena feliz
¿Qué sería de nosotros sin las abejas? En primer lugar, perderíamos uno de los mejores servicios ambientales que nos ofrecen: polinizar, que ahorra millones de dólares a los agricultores de todo el mundo. Después, entre otras cosas, perderíamos la miel y su riqueza que aporta su diversidad genética y sus miles de interacciones que tiene en el ecosistema. En definitiva, si se fueran, hasta extrañaríamos sus piquetes.
Desafortunadamente, nuestras actividades humanas, como el uso de pesticidas en campos agrícolas y los cambios ambientales, han llevado a las abejas a padecer una diversidad de problemas que van desde la infección por virus, hongos y bacterias, hasta la muerte por intoxicación, lo que usualmente lleva al Síndrome de Colapso de Colonia (o Colony Colapse Disorder, en inglés), problema que normalmente causa que toda la colonia de abejas desaparezca. Además, la productividad de una colmena normalmente se mide por cuanta miel producen. Por esto, algunos apicultores optan por traer abejas de otros sitios. ¿Pero que tanto conviene si estas mueren por las condiciones ambiental?  Por ello, un grupo de investigadores de la Universidad de Aarhus, Dinamarca,  ha encontrado que las abejas que están adaptadas al ambiente local, la pasan mejor soportando diversos problemas, que aquellas abejas que se compran e importan de otros lugares.
Para encontrar la respuesta, el equipo dirigido por Per Kryger, del Departamento de Agroecología de la Universidad de Aarhus,  estudió 597 colonias de abejas de 16 orígenes genéticos distintos en 20 países de Europa y, en cada uno había una colonia local y dos importadas. De esta forma, encontraron que lo más influyente en la sobrevivencia de las colonias eran infecciones causadas por ácaros, problemas con la reina e infecciones por el hongo nosema. Con esto, los investigadores observaron que las colonias que poseían reinas de ambientes locales, lograron sobrevivir 83 días más que las que tenían reinas importadas. “No es posible determinar un solo factor que dé a las abejas locales una ventaja, pero parece ser que es la interacción ente muchos factores. Nuestros resultados muestran que el camino es el fortalecimiento de los programas de crianza con abejas locales, en lugar de importarlas. Eso ayudaría a mantener la diversidad natural de las abejas, contribuiría a prevenir el Síndrome de Colapso de Colonia, optimizaría la productividad sostenible y haría posible mantener la adaptación continua a los cambios ambientales”, comenta Per Kryger.
Además, por si fuera poco, el importar abejas aumenta la posibilidad de contagio por enfermedades y plagas.
Si quieres saber más de la desaparición de las abejas, te invitamos a lees nuestra nota “Abejalipsis: la desaparición mundial de las abejas”.
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[Imagen tomada por Rainer Blankermann, de su flickr . Pueden visitar su Tumblr]
Fuente en Aarhus Univeristy.
Artículo en Journal of Apicultural Research (¡De libre acceso!).
Adema, este artículo forma parte de una edición especial del Journal of Apicultural Research y muchos de sus artículos son de libre acceso. Aquí puedes ver todos los que están disponibles.

Una colmena local es una colmena feliz

¿Qué sería de nosotros sin las abejas? En primer lugar, perderíamos uno de los mejores servicios ambientales que nos ofrecen: polinizar, que ahorra millones de dólares a los agricultores de todo el mundo. Después, entre otras cosas, perderíamos la miel y su riqueza que aporta su diversidad genética y sus miles de interacciones que tiene en el ecosistema. En definitiva, si se fueran, hasta extrañaríamos sus piquetes.

Desafortunadamente, nuestras actividades humanas, como el uso de pesticidas en campos agrícolas y los cambios ambientales, han llevado a las abejas a padecer una diversidad de problemas que van desde la infección por virus, hongos y bacterias, hasta la muerte por intoxicación, lo que usualmente lleva al Síndrome de Colapso de Colonia (o Colony Colapse Disorder, en inglés), problema que normalmente causa que toda la colonia de abejas desaparezca. Además, la productividad de una colmena normalmente se mide por cuanta miel producen. Por esto, algunos apicultores optan por traer abejas de otros sitios. ¿Pero que tanto conviene si estas mueren por las condiciones ambiental?  Por ello, un grupo de investigadores de la Universidad de Aarhus, Dinamarca,  ha encontrado que las abejas que están adaptadas al ambiente local, la pasan mejor soportando diversos problemas, que aquellas abejas que se compran e importan de otros lugares.

Para encontrar la respuesta, el equipo dirigido por Per Kryger, del Departamento de Agroecología de la Universidad de Aarhus,  estudió 597 colonias de abejas de 16 orígenes genéticos distintos en 20 países de Europa y, en cada uno había una colonia local y dos importadas. De esta forma, encontraron que lo más influyente en la sobrevivencia de las colonias eran infecciones causadas por ácaros, problemas con la reina e infecciones por el hongo nosema. Con esto, los investigadores observaron que las colonias que poseían reinas de ambientes locales, lograron sobrevivir 83 días más que las que tenían reinas importadas. “No es posible determinar un solo factor que dé a las abejas locales una ventaja, pero parece ser que es la interacción ente muchos factores. Nuestros resultados muestran que el camino es el fortalecimiento de los programas de crianza con abejas locales, en lugar de importarlas. Eso ayudaría a mantener la diversidad natural de las abejas, contribuiría a prevenir el Síndrome de Colapso de Colonia, optimizaría la productividad sostenible y haría posible mantener la adaptación continua a los cambios ambientales”, comenta Per Kryger.

Además, por si fuera poco, el importar abejas aumenta la posibilidad de contagio por enfermedades y plagas.

Si quieres saber más de la desaparición de las abejas, te invitamos a lees nuestra nota “Abejalipsis: la desaparición mundial de las abejas”.

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[Imagen tomada por Rainer Blankermann, de su flickr . Pueden visitar su Tumblr]

Fuente en Aarhus Univeristy.

Artículo en Journal of Apicultural Research (¡De libre acceso!).

Adema, este artículo forma parte de una edición especial del Journal of Apicultural Research y muchos de sus artículos son de libre acceso. Aquí puedes ver todos los que están disponibles.